viernes, 30 de enero de 2009

La Verdad y sus Ventajas

Bismillah...

La única Realidad, es lo que pasa ahora. Es lo que Allah Quiere que suceda, y aceptar lo que sucede es lo más difícil. Pero es vivir en Realidad. Es renunciar a mi deseo de cómo deben ser las cosas, por el Deseo de Allah.
Pero generalmente, como no alcanzo lo que quiero, no soporto la realidad. No aceptamos, y la respuesta inmediata es el autoengaño. El autoengaño es la respuesta inmediata de la mente para no aceptarla, y realiza fábulas para poder vivir con ello. El engaño también puede ser hacia fuera, pero parte del autoengaño, que es hacia uno mismo, por no tolerar la realidad tal cual es.


Ver la Realidad duele. Para no verla, hay miles de excusas, como el negarlo (“no pasó nada”), o desentenderse, (“no es mi culpa”, o “no recuerdo”). Pero como el autoengaño no permite ver la realidad, no permite ver a Dios. Allah Enseña, a través de los obstáculos que nos pone. Como decía Cicerón: “Un hombre cae en el error, pero los necios perseveran en él”.

Se encubre a uno mismo de sí mismo. Allí se potencian los errores cometidos y no hay aprendizaje. Hay que ver, y aceptar el error. Luego viene el dolor, y después se modifica el error. El dolor indica Realidad. La mayor parte del tiempo uno encubre sus errores.

Si no se conocen, no se aprende, y no se los salta. No hay que escudarse en la debilidad, ni propia ni de los otros. Hay que mostrar los errores y tolerar la sanción social, para sentirse realmente en el error. Sino, es clandestino, y para tomarlo en cuenta hay que sacarlo a la luz y exponerlo.

El ciclo del deseo, es la satisfacción en el placer, en forma desenfrenada, que llegado, luego de un tiempo se va. Al irse, deja sufrimiento por el fin del placer (su ausencia).

En nombre de ese deseo se encubren muchas cosas. El deseo condiciona los actos dirigidos por él. Y éstos llevan al error. En el deseo, no existe el otro, solo existe MI deseo, porque yo no quiero sufrir. Y para satisfacer ese deseo, se finge.

El deseo y el temor mueven la vida, y crecen. Dios, Amor, Sinceridad, Adab, Verdad…. Caen.

Lo único que importa es el deseo.
Hay que comprender que el único que satisface las necesidades es Dios.

Se invierte tiempo, atención en el deseo, en satisfacerlo, pero se va y hay sufrimiento. Esto no lleva a la Verdad. Sólo genera conductas obsesivas, sólo interesa el placer que da el otro, y el otro en sí mismo desaparece ante el deseo.

Frente a la adversidad de no poder conseguir lo que desea y lo que se propuso mentalmente, hay una huida, ya que la vida se vuelve ingobernable.

Debe haber un constante esfuerzo en conectarse a la realidad.

La mente sino continúa desconectándote, con argumentos como “no eres capaz”, “lo que deseas es imposible, renuncia”, “el otro no te lo quiere dar”. Nunca llevará a la Verdad, o va en contra de uno, o de los otros.

Hay que permanecer en guardia ante la mentira. No dejarse seducir por la fantasía. El autoengaño es una forma de mentira.

La realidad es que no se puede satisfacer todos los deseos que uno tiene. Y la tentación de ir a lo irreal es una pelea constante a la que hay que enfrentarse, y no caer en el escapismo. La evación no resuelve, es TEMOR a la REALIDAD. El problema no desaparece, uno desaparece. Y el autoengaño dice que “todo está bien”.
El autoengaño puede presentarse en formas muy variadas. Hay personas, por ejemplo, que caen en él porque necesitan continuas manifestaciones de elogio y aprobación. Su sensibilidad al halago, al continuo “tiene usted razón” sin tenerla, hace desplegar a su alrededor servilismos capaces de idiotizar a cualquiera. Son personas difíciles de desengañar, pues exigen que se les siga la corriente, que se mienta con ellos, y acaban por enredar a los demás en sus propias mentiras. Son presa fácil de los aduladores, que los manejan a su antojo, y aunque a veces adviertan que se trata de una farsa, no suele bastarles para salir de ella. En este estado, no se puede hablar de Dios.
Había un grupo de filósofos en un castillo, que permanecían 3 o 4 días y se reunían cada tanto en el desayuno, el almuerzo y la cena, en los jardines, y realizaban jornadas de debate y charlas.

Entre ellos, había un derviche, que sólo escuchaba. Y llegó a un punto tal su ausencia en las reuniones, que llamó la atención del resto por saber quién era. Él mencionó que vivía en un castillo, al cual los invitó para continuar con las reuniones. Allí fueron, y descubrieron que era un castillo más lujoso, que la comida era mejor, y se hablaban temas de sabiduría. Todos quedaron conformes con esto, a lo cual, al mencionárselo al derviche, de un chasquido hizo que todos se encontraran en un establo. La gente comenzó a criticar el lugar, pero nuevamente de un chasquido el derviche hizo que reaparecieran en el castillo en el que estaban reunidos originariamente, como si nunca se hubieran ido de allí en primer lugar.
A esta situación, le pidieron explicaciones al derviche. Y respondió: “Mientras vuestra codicia os impida distinguir entre el autoengaño y la realidad, nada real os podrá enseñar un derviche, sólo ilusiones. Aquellos cuyo alimento es autoengaño y fantasía sólo con engaño y fantasía pueden ser alimentados.”
Se está tan entretenido en la consecución del deseo, que no se llega a Dios. Nunca hay Realidad.

Hay que matar la ambición de los deseos. Se renuncia a la ambición, sino es difícil la relación con otro.

La búsqueda de Dios es como dice la ensoñación de un sufi, “Cómo hago para acercarme a ti?” – “Ven a Mí sin ti”. La sinceridad (ikhlas) en la búsqueda de Dios.
Como oraba Abdul Qadir Al Qelani “Perdóname, Señor, por todos los errores que cometemos en Tu búsqueda.”

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