miércoles, 19 de agosto de 2009

Doce Pensamientos Sufies



1- Hay un Dios Eterno, Ser Único: nada más exite.

2- Hay un Maestro, el Espíritu Guía de todas las Almas, que conduce a todas las almas hacia la Luz.

3- Hay un Libro Sagrado, el sagrado manuscrito de la Naturaleza, única escritura que puede iluminar al lector.

4- Hay una Religión, el progreso que no se aparta de la dirección correcta hacia el ideal que realiza el propósito de la vida para cada alma.

5- Hay una Ley, la ley de la reciprocidad, que puede ser observada por el alma carente de ego que se despierta a la justicia.

6- Existe una Hermandad, la familia humana, que une a los hijos/as de la tierra sin discriminaciones en la Paternidad/Maternidad de Dios.

7- Hay una Moral, el amor que, desde el olvido de sí, florece en obras de beneficencia.

8- Existe un Objeto de Alabanza, la belleza de todo lo Visible y lo Invisible, que eleva el corazón de sus adoradores.

9- Hay una Verdad, esencia de toda sabiduría: el conocimiento auténtico de nuestro ser, tanto interno como externo.

10- Hay un Camino: aniquilar al falso ego en el verdadero, elevando lo mortal a la inmortalidad en la que mora toda perfección.

11- Hay Dolor. El dolor es la puerta del amor, ambos se pertenecen. "El dolor del amor se transformó en la medicina para cada corazón, la dificultad jamas podría haberse remediado sin amor".
Si tu corazón está abierto, también está abierto al dolor. Uno de los antiguos Maestros dijo: "Si quieres herirme, aquí están las piedras, y aquí estoy yo".
Si evitas el dolor también evitas el amor; ambos se pertenecen.

12- Hay anhelo... Él. El gran poeta sufí Rumi dijo: "Le lloraré, y Le lloraré y Le lloraré hasta que la leche de Su bondad hierva". Él está expresando lo que es más valioso para un sufí: el anhelo por Dios. El sufí sabe que el anhelo nos brinda el camino más directo hacia nuestro Amado, hacia Dios. Profundamente en el corazón, se encuentra el dolor primordial del anhelo, el llanto del alma separada de su fuente. Es un dolor que llega como una memoria de cuando estábamos junto a Dios, lo que el sufí llama "la dulzura que existía antes de la miel o la abeja". En algunos momentos especiales en nuestra vida recibimos una muestra de esta unión, un sorbo de recuerdo divino. Es tan increíblemente dulce e intoxicante que despierta el conocimiento hasta entonces latente en el alma de estar junto a Dios. Entonces, la pasión del corazón comienza a abrasar como un dolor en el corazón, y despierta el anhelo. En todo romance, tú ansías aquel a quien amas. Esperas que suene el teléfono, que llegue una carta. Esperas que tu amante vuelva al hogar. En el romance con Dios es lo mismo, pero amplificado. Tú anhelas y esperas. Esperas por el instante en que el Amado sorpresivamente llegue a tu corazón, el momento cuando sientas la caricia gentil de tu Amado.