jueves, 11 de enero de 2018

El enfoque sufi para abrir el corazón


El corazón es un templo que Dios ha colocado en todos, un templo que alberga la chispa Divina dentro de nosotros. En un dicho muy amado por los sufíes, Dios revela: "Yo, que no puedo encajar en todos los cielos y tierras, encajo en el corazón del creyente sincero". Por lo tanto, este templo dentro de cada uno de nosotros es más precioso que los santuarios y templos más sagrados de la tierra. Los templos terrenales fueron construidos por grandes santos y profetas, pero el templo del corazón fue construido por Dios para albergar a Dios.

Muchos de nosotros hemos descuidado el templo del corazón. También hemos permitido en nuestros corazones la adoración de ídolos. Por ídolos me refiero a las cosas efímeras de este mundo. Hemos venerado la fama, el dinero y el poder del éxito mundial y nos hemos dedicado a tener hambre por ellos y perseguirlos. La mayoría de nosotros hemos dedicado mucho más tiempo a estos objetivos mundanos que a buscar a Dios o buscar la transformación personal. Una de las prácticas fundamentales del sufismo es repetir la frase: la ilaha illallah "No hay dioses sino Dios".
Un nivel de significado de esta frase sagrada es: "No hay nada digno de adoración sino Dios". 
La disciplina del sufismo incluye la limpieza de nuestros corazones de los ídolos que hemos consagrado allí, convirtiéndolos en templos apropiados para la presencia de Dios.

Mi maestro sufí enseñó que el objetivo del sufismo es desarrollar corazones que puedan orar. Cualquiera puede aprender las formas externas de adoración, pero es mucho más difícil enseñarle a nuestros corazones a orar. El exterior siempre es más fácil que el interior. Por ejemplo, no es difícil limpiar nuestros exteriores bañándonos y poniéndonos ropa limpia, pero puede ser muy difícil limpiar nuestro interior. A través de la práctica sincera y paciente de la adoración, el servicio y otros ejercicios espirituales, el corazón se purifica y expande.

En la tradición del yoga Kundalini, el corazón se describe a menudo como el mediador entre los tres chakras inferiores y los tres chakras superiores. Si se abre el corazón, la energía no permanecerá atrapada en los chakras inferiores. El corazón ayuda a atraer la energía hacia arriba, activando los chakras superiores, más espirituales.

En la tradición sufí, el corazón se ve como un mediador entre las influencias externas del mundo y las influencias espirituales dentro de nosotros. Si nuestro orgullo, avaricia y otras tendencias negativas se involucran con las cosas del mundo, emiten una especie de calor y humo que nos distrae y oculta la luz espiritual del corazón. Cuanto más nos abrimos a esa luz interna, más podemos ver claramente nuestras propias tendencias negativas, y también, cuanto más fortalecemos nuestras tendencias positivas y espirituales.
-Sheikh Ragip (Dr. Robert Frager)

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