lunes, 29 de febrero de 2016

La "noche de bodas" de Mahmud Baba


Comencemos la Palabra con Bismillah, en el nombre de Allah, qué hermoso refugio…
Sus bendiciones no se limitan en ninguna medida o cálculo, Dios es el que más ama, el más perdonador.

Había un hombre nacido en Argentina, que pasó por el judaísmo, el cristianismo, y el budismo, quien se enamoró de su Maestro. En 1997 obtuvo el nombre de Mahmud, dejó todo atrás.
Cuando no encontró suficientes cuerdas en Argentina, que lo conectaran con el criterio y la moralidad del Islam, pidiendo al Único Allah quien es Ahad y Samad, él encontró la solución viniendo a Estambul. Se aferró de la mano y pantalones de Hz. Muhibbi, se convirtió en un devoto siervo de Hz. Pir, y allí fue cuando kibrit-i ahmer lo encendió.
Este fuego sagrado que vuelve los cuerpos de cobre en oro, lo hizo venir a Estambul cada año, con cada oportunidad. Este hombre solía caminar por las calles, en los mercados, las mezquitas, los cafés y solo respirar el mismo aire, como Majnún solía caminar en las calles de Layla.
Sin beneficio alguno, solo quedarse en Estambul con 14 horas de ida en avión y 14 horas más de regreso; solía volar con Turkish Airlines desde Buenos Aires. No porque necesite algo particularmente, pero solía detenerse en los mercados por bendiciones, y saludar a la gente que no conocía como prueba de su amor.

Se sentaba en la tekke donde le indicaban por horas, escuchando conversaciones en un idioma extranjero. A veces se sorprendía de que efectivamente entendía. Pero lo más sorprendente de todo era, que aunque venía a la tekke una o dos veces al año al menos en 3 días de reunión, con su gran altura y cuerpo que tenía Mahmud, nadie lo notaba.

Incluso él mismo lo llamaba “selva”, Mahmud se sentía en el desierto cuando volvía de Estambul. Lo acusaron de loco, pero no le importó. Sus amigos, familia cortaron lazos. Cuando se volvió más brillante con la Nur del tevhid, y la chispa en su corazón ardió, Mahmud encontró nuevas personas, y también los trajo a Estambul con él.

¿Cómo podemos comprender la situación de una sociedad con 50 musulmanes en el rezo del Yuma, y quizás 500 musulmanes en las festividades? Eventualmente las hienas del desierto repelieron a Mahmud. Algunos se convirtieron en su enemigo, otros de ellos simplemente lo ignoraron. Él comprendió la lección, aceptando y diciendo “eyvallah” con estos incidentes.

Grandes cuerpos siempre tienen grandes corazones. Cuando Mahmud abrazaba, él abrazaba con su gran corazón. Solía escribir en cada mensaje, en cada carta “gran abrazo” al final. Cuando era preguntado por ello, él decía “Aprendí a abrazar en grande, después de decir eyvallah”.

¿Quién puede sentir, lo que Mahmud sintió y vivió en el fondo de su corazón? ¿Quién puede saber eso? Por esta razón, él comenzó a escribir libros de un personaje imaginario llamado Siraj Baba, contando a veces sus experiencias, a veces sus guías y las historias de los sheikhs.

Él definió estos libros como un servicio y se dedicó a escribir las historias que lo sacaron a él, a su nefs fuera de todo. Cuando le preguntaban, él decía: “Sólo estoy tratando de ser nada.”

En el 19º año, Mahmud había venido a Estambul otra vez, para aumentar su amor, besar la mano de su sheikh, y apoyar su rostro en el umbral de su Pir. Arribó en el mismo vuelo, se hospedó en el mismo hotel. Al día siguiente, salió del hotel, comenzó su deber de “caminar las calles de Layla”. En Sehremini, en la calle del tranvía, Mahmud se detuvo.
El 20 de Jumada Al-Awwal de 1437, el mismo mes de febrero en el que tantos otros amados nuestros han fallecido, un día 29 la orden le llegó a Mahmud “Ircıi, regresa”. Un gran amante, no perdió la oportunidad y entregó su reliquia obedeciendo la orden. Primero Aliyye lloraba cerca, luego el doctor, luego la enfermera, luego aquellos que lo ayudaron a ir al hospital, luego el gerente del hotel, luego los hermanos y hermanas del ihwan. ¿No es una bendición de Allah, que su familia lo lloró luego por la diferencia horaria?  

Los derviches dieron la noticia a su sheikh, lo consultaron, pidieron su oración y permiso. Ellos compartieron los deberes así como su dolor. Primero lo llevaron a lavarlo para su último wudu’, recitaron el usul cerca, lo adornaron con rezos. Luego lo trajeron a la puerta de su Pir, lo recostaron en el umbral. Le colocaron su “dallı arakiye” en su cabeza, lo dejaron solo con su pir en seclusión.  
Sheikh hazret hizo saber a todo el ihwan sobre la situación de Mahmud, después del meshk en su sohbet. Todo el ihwan fue testigo del amor, muhabbet de Mahmud por este camino.
Cuando la puerta del Pir se abrió y Mahmud fue retirado de su seclusión, olía hermoso.
Hafız Mustafa Efendi recitó su Sala, qué Sala, incluso los gatos lloraban. La paz y la decencia cubrieron Karagumruk, donde el bullicio y el apuro nunca faltan.
Rezaron el Sala de Mahmud, ¿no es la Misericordia de Allah acaso?, en la misma mezquita donde el sala de su Pir fue hecho. Lo adornaron con hatims, rezos, una y otra vez. Probablemente no pudieron encontrar otra compañía de transporte, así que su féretro fue enviado de vuelta a su hogar nuevamente en Turkish Airlines.

El día siguiente al regreso del féretro de Mahmud a su hogar, sus regalos para los derviches llegaron a la tekke. Se comprende que él traía muchos regalos para sus hermanos de ihvan, pero la entrega solo pudo realizarse en la reunión del jueves por la noche.

Luego del rezo de su Sala, Zakirbası del Asitane, Ahmet efendi resumió los sentimientos de los derviches: “nos quedamos sin palabras, sin habla” agregando “ahora no podemos hablar sobre esto, pero alguien debería escribir este suceso.” Para cumplir con las palabras de su hermano mayor, se volvió un deber para otro pobre siervo.

No podremos conocer la propia historia de Mahmud antes de que sus libros de Siraj Baba sean traducidos. Si me preguntan a mí, él contaría cualquier historia que un paladin de cuentos contaría. Su excelencia era un “paladin del amor” como los que solíamos leer en los libros y escuchar en los sohbets, lo encontramos tarde, lo perdimos muy pronto.

Mahmud, significa “el más alabado, glorificado”. Esta pluma, no puede alabar lo suficiente a tal hombre, sin importar lo que escriba. Nuestras súplicas para el gran amante de Argentina es, que la gente que lea esta historia diga amin a nuestro dua con la recitación del Fatiha; en presencia de su Rab, aferrándose a los pantalones de su Pir, que Hz. Resulullah (sav), por quien se le dio su nombre, lo alabe y glorifique.
La súplica de este pobre siervo para aquellos que leen esta historia, que nos permita a todos nosotros reconsiderar quién es pir, quién es Sheikh, quién es derviche, cómo podemos amar. Y que todos nosotros podamos tener una porción del amor de Mahmud, muhabbet y prosperidad.

Amin. 
Mahmud Baba

“Şeb-i Arus”, significa la “Noche de bodas”, es decir, el día de su muerte. 

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